Carta sobre el mate y el tiempo
Amigos míos, más que lectores míos.
Porque si, porque para mi ustedes son mis amigos. Yo así los considero.
Para mí es amigo el que me lee porque mis lectores tienen algo en común con mis amigos. Son poquísimos.
Como decía:
Amigos míos, les escribo desde la cama con un mate a mi lado. El mate tiene algo en común con mis lectores: también es como mi amigo.
Pero a diferencia de los amigos y los lectores, el mate si me sobra. Me acompaña de día y de tarde.
Y ayer tomé mate de noche, Cuanta soledad acompañada.
Pensaba escribirles sobre mis pequeños problemas, sobre mis dolores y mi intestinos inflamado,s sobre mi relación con la comida y las debilidades que me causa. Tengo que sacar un turno para que me revisen por dentro.
¿Y si me prohíben el mate?
Les juro que si me lo prohíben por la irritación que me causa sigo vivo pero solo para empezar yo a irritar al resto. Ser yo mismo un material inflamable.
Con el mate no se jode.
Que tanto y tan bien se habla de los amigos y los lectores pero ¿alguno de ustedes tiene amigos disponibles las 24 horas? ¿están ahí los amigos y los lectores para la soledad tanto como para la compañía?
A mi mi mate no me interrumpe cuando le hablo sin parar de mi mismo. No habla por encima de las visitas. Todos quieren al mate y su compañía.
Incluso a veces no puedo esperar a que se vayan los amigos para quedarme solo con mi mate.
Pero eso nunca me pasa con ustedes mis queridxs lectores. Ustedes son como el mate.
Les decía, pensaba hablarles sobre mis problemas pero......¿a quién le interesaría? Y sobre todo ¿los ayudaría a ser un poco más Zen contándoles anécdotas de mi búsqueda de un buen gastroenterólogo?
Por dios, los problemas ajenos son como un mate frío, amargo y con chucker.
Prefiero contarles sobre mis avances. Me compré una agenda.
Si mis queridos amigos, me recibí de adulto. Tengo agenda.
No puedo esperar a llenarla de citas canceladas. Por dios, eso si es vida.
La que se me puso medio celosa es la cama. A ella no le gusta que tenga agenda. Está calladísima pero puedo escuchar sus reproches: "¿tenés pensado dejarme? ¿yo que estuve ahí para vos en las malas? ¿yo que te sostuve cuando te hacía ruido la pansa que ahora tanto se te inflama por los nervios que te daba tener que ir a la escuela? ¿a "gimnasia", esa manera dignificada de nombrar a esos talleres de maltrato entre varones en los que a la homosexualidad, la inteligencia y la gracia se la manda siempre al arco?" Ah bueno.....el muchacho, de la nada, se hace amigo de una agenda...de repente cambió la tela por hoja".
Sí mis lectores, mi cama está enojada pero porque se siente amenazada. El tiempo-cama es muy distinto a la concepción del tiempo que tienen las agendas.
En el Tiempo-Cama no hay números como en las agendas. No hay nomenclaturas diarias. Las camas no distinguen L M M J V S D. No conocen el término "año bisiesto". No entienden de calendarios y de cronogramas.
El Tiempo-Cama es el de quedarse pensando hasta tan tarde sobre las cosas que parece que el tiempo no pasa y que la vida podría durar para siempre.
Sin embargo y aunque en la cama se presentan las formas más agudas de reflexión consiente, también se viven las experiencias de las más oraculares que puede tener el hombre moderno. Tal vez la única que le queda. Es decir la experiencia de los sueños.
La cama tiene un elemento de compuerta hacia lo oculto, siendo lo oculto, para muchas culturas y corrientes de pensamiento el ámbito de la verdad, paradójicamente, no de la mentira y la conspiración y los sueños son ámbitos donde ese desvelamiento ocurre.
Por eso las camas no entienden de días que van del uno al treinta y uno. De meses que van del uno al doce.
Las camas dicen qud@ eso es matemática, no tiempo.
En las agendas el día uno es distinto al día dos pero en las camas ¿puede el tiempo ser distinto al tiempo? Siempre es el mismo.
En las agendas el tiempo sucede. En la cama el tiempo es.
En la cama soñás y no importa que tu papá esté muerto. El sigue estando porque fue parte de lo real. En los sueños vas para atrás y para adelante y a nadie le importa.
Pero bueno, a mi cama la entiendo. Es una cama, no una agenda.
¿Y mi agenda? Es gris, como suelen serlo las agendas.
Esta quieta sobre la mesa pero pareciera que hace ruido.
Apenas llegó y se puso a ordenar mis tiempos. Anda espantada con mis años malgastados en la cama. Vive haciendo planillas y esquemas. Para este mes tengo que:
-terminar de escribir para el blog una carta llamada "Solo una Dios Blanca podrá salvarnos", carta para la que debo terminar de leer...
-"Heidegger: el hombre y el pensador" y "Adiós a todo eso", la autobiografía de Robert Graves.
-Terminar de preparar la guía para un Podcast que estamos preparando con una amiga sobre la tristeza de los domingos...
-y terminar una canción, subir una canción terminada a internet e interpretar alguna canción que se relacione con el tema del Podcast.
Mi cama me conoce, lee la lista que hizo la agenda y se ríe. Dice que me conoce y que por qué no improviso una carta como esta que les estoy escribiendo que es más fácil y más acorde a mi modo de ser.
Yo le contesto que por mi modo de ser hace meses que no le escribo a ustedes, mis amigos y que a mi no me importa si me conozco a mi mismo. Miento, porque sí me importa. El problema es que me conozco y no confío.
Pero la cuestión no depende de conocerme a mi mismo
La cuestión depende de si tengo la capacidad de sorprenderme a mi mismo.
Nos leemos la próxima.
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