¿Y si todo tuviera mente?

Bueno.


Me siento a escribir por el solo hecho de ser domingo. Domingo primero de diciembre.


Y no cualquier domingo: uno lindo. De esos que no abundan. Para ser un primero de diciembre el clima estuvo -al menos durante la noche y gran parte del día-, casi otoñal. Mucha lluvia, fresco y ventoso. Para los saturninos como yo una hermosura. Me tiré a dormir a la tarde y me desperté a tiempo para una hora de oro despejada. Un cielo celestísimo y un sol que cae de costado sobre los pinos del barrio. Vivo en una zona con mucho parque así que aproveché y salí a caminar.


Y me puso tremendamente melancólico.


¿Nada me viene bien? Nada. Y me gusta.


Pero hay un leve trasfondo. Además de tener dolor de cabeza desde ayer a la noche por comida que me cayó mal, hace unas noches soñé que mi vieja fallecía. No voy a dar muchos detalles porque para qué pero en una parte del sueño le decía a mi hermano “Bueno (nombre de mi hermano), ya tenemos a ambos padres muertos”. Me desperté exactamente en ese instante diciéndome a mí mismo “No Santiago, no tenés por qué malgastar presupuesto de tu inconsciente en producciones de sueños así. NO HAY PLATA”. Pero evidentemente me dejó inquieto. No estaría pensando sobre esto y mucho menos escribiéndoles a ustedes.


Qué cosa increíble la “quetejedi” (es como le digo a la muerte). Aparte de lo obvio, es decir, que nunca vas a volver a ver a un ser querido, la muerte nunca es tuya. Nunca. Siempre es del otro. Porque para cuando llega la tuya ya no estás ahí para ver como te cagan a pedos por tentarte de risa en el velorio. ¿Ves? Ahí hay otra norma ontológica insondable: solo te podés reír en velorio ajeno. Nunca en el tuyo.


Y la única muerte que si tenés, la que es enteramente tuya, es intransferible. No se la podés enchufar a nadie. Casi que es el único tipo de propiedad con la que nacemos asignada, por la que no hay que pagar  y que sabemos que no nos pueden quitar: algún día, va a haber un cadáver o un montículo de cenizas que va a ser tu permanencia en la tierra  y nadie lo va a poder ocupar. Nadie va a poder reemplazarlo. Podrán moverlo de lugar, podrán profanarlo, esconderlo, tirarlo al mar (qué poético), lanzarlo al espacio (qué caro), pero esa extensión de espacialidad ocupada por la materia impenetrable de tu cadáver te va a trascender. Te va a sobrevivir. ¿Cómo es posible que como cultura hayamos puesto a la mente por sobre el cuerpo? Claramente el cuerpo va a seguir existiendo. No viviendo. Es verdad. ¿Pero existir? Va a seguir haciéndolo. Va a tener un modo de existencia que nuestra conciencia, nuestros recuerdos y nuestra capacidad de sentir y entender no sabemos si la tienen. Van a ver tu cajón o tu urna y van a decir “eso que existe ahí es un muerto”. De la mente no sabemos nada, solo sabemos que dura lo que dura el cuerpo o que “está-ahí” para ponernos un poquito Heideggerianos pero ¿el cuerpo? El cuerpo se la banca che. Y no solo se la banca. Creo que hasta sigue vivo. Si gente. Así como me leen. Tengo la sospecha que puede ser entendido de manera tal que se lo puede considerar vivo. El cuerpo, bajo el modo de existencia del “cadáver”, participa de la organicidad, del ciclo de lo biomático. Si la Madre Naturaleza fuera entendida como la sumatoria total de los procesos y relaciones que rigen a lo biológico en pos de su sobreviviencia entonces hasta nuestros cadáveres son también órganos útiles de ella. Cadáveres órganos que durante siglos se va a ir desprendiendo de partes de sí como se desnuda una cebolla de sus caras. De lo más tierno de la carne a los más seco del pelo y los huesos.


Ah los cadáveres…….


(prende una vela sobre una calavera y procede a ponerse poéticamente recitativo)


Primero los gusanos, esos pequeños mutantes, lo van a ir desmantelando, devorándolo y transformandolo (es decir, dinamizándolo quimicamente) en su aparato digestivo. Parte de nuestro cuerpo será caca de gusano. Y esa caca será alimento para nuevos cuerpos. Y algunos de esos cuerpos tendrán nuevas mentes (por ahora no nos metamos en el debate sobre qué es una mente y quiénes tienen mente y quienes no. Sobre eso daré indicios más adelante en esta carta pero por lo pronto podemos inferir sobre quienes no tienen mente que los pertenecientes a esta categoría incluyen a los elementos subatómicos, los minerales y los burócratas)....como decía, algunos de esos cuerpos tendrán nuevas mentes. Y algunas de esas mentes soñarán que ya no tienen padres. Y se angustiarán. Y tendrán blogs. Y se consolarán pensando, no en la mente, sino más bien en la trascendencia del cuerpo.


Pareciera que es el cuerpo el que tiene el ticket asegurado para seguir participando de la existencia. Pareciera que es a la mente a la que no la invitaron a la fiesta y por eso inventa la literatura, la religión y la moral. La mente (al menos la occidental) tiene envidia de la permanencia de la materia y resentida anda por ahí susurrándole al oído a quien esté dispuesto a escucharla sobre sus teorías del pecado, sus críticas a la frivolidad, su menosprecio de la superficialidad y del culto a la belleza. Pareciera que la mente la que tiene envidia al cuerpo, la que le cierra con soberbia la puerta en la cara al cuerpo pero de noche, cuando nadie la ve, hace ejercicios frente al espejo para ver si, aún no teniendo brazos, puede tener algún tipo de fuerza.


Ahora bien mis queridos lectores…….no se me adelanten.


Porque es de suma importancia que noten un detalle clave: estoy usando la palabra pareciera.


Pareciera que es el cuerpo el que tiene el ticket asegurado para seguir participando de la existencia…


Pareciera que es a la mente a la que no la invitaron a la fiesta…


Pareciera que es la mente la que tiene envidia del cuerpo…


¿Pero si la mente no ha sido más que incomprendida?


¿Y si la mente no está más que vestida y lista para la fiesta de la vida pero está cruzada de brazos en la parada esperando que la pasemos a buscar?


¿Podrá ser que la mente y el cuerpo han sido mandados a laburar a distintos sectores de la empresa y distanciados de si no logran encontrar el sentido correcto a las cosas?


¿Será que, ubicadas en distintos sectores de la empresa, los jefes de uno y de la otra les hablan pestes de su contrario ontológico para que se peleen entre sí?


Si pudieran reunirse y comprenderse ¿irían a la fiesta juntos? ¿podrían comprender que vivir de fiesta es entender que la distinción entre vida y muerte es una forma de neurosis? ¿un tipo de neurosis de la que no hablamos, de la que no tenemos conciencia siquiera pero que pervade cada hora de nuestras vidas, cada evento de nuestros vínculos y cada uno de los estamentos de las instituciones que nos dirigen?


Miren, mi lista de lecturas pendientes es larga y son varias cosas sobre las que quiero investigar y de las que ahora no puedo hablar. Pero por ahora les doy una recomendación: lean Una introducción a Spinoza de Diego Tatián, puede ser de ese autor o de cualquier otro pero esa está buena.


Lo único que les voy a decir es que hay quienes creen que no hay una cosa llamada cuerpo (o materia o extensión) y otra cosa diferente llamada mente (o alma o pensamiento). Este esquema ontológico es el propuesto por la postura dualista. Los que no creen en este dualismo son los Monistas. De estos últimos Baruj Spinoza fue su príncipe, un personaje tremendamente perseguido religiosamente por la Iglesia Inquisidora pero también perseguido secularmente por los nacientes estados nación, estos últimos instigados por los sectores más moderados de los Ilustrados.*


En fin gente. Ya hablé demasiado. Arranqué con “Qué lindo domingo”, pasé a soñar con la muerte de mi mamá, visité la putrefacción de los cadáveres, luego a la separación de cuerpo y mente, después la fiesta de la vida, la reunión de ambos extremos y por último rememorando conspiraciones de filósofos del siglo 17. Qué pena que no me quedó tiempo (o decoro) para reflexionar sobre una de las implicancias más interesantes del Monismo que es el panpsiquismo……..¿y si todo tuviera mente?**


Que tengan una buena semana y aprovecho a saludar en este primero de diciembre a todos los militantes por los derechos de los pacientes con HIV.


Nos leemos la próxima.


*El libro en cuestión que relata estas intrigas es La Ilustración Radical de Jonathan Israel


**Esto no incluye a los burócratas

Comentarios

  1. Gracias por las hermosas recomendaciones! Con esto de la dualidad mente-cuerpo, recientemente tuve que leer El Error de Descartes, de Antonio Dalmasio, y me surge la duda de si realmente son tan divisibles como se cree, si cuerpo y mente, tanto como la razón y la emoción, no sólo forman parte de un mismo todo, sino que la existencia de c/u requiera sine qua non la existencia de su complementario.

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