Orgullo antidomingo
Mamita querida qué domingo.
Para los que no me conocen, mi batalla diaria es con el ánimo y los domingos estoy como para empezar a ir a misa. Es una batalla antiquísima, que se remonta a mi primerísima primera infancia. El tema es así…
A los diez años di por primera vez señales de ser alguien con una inclinación hacia la melancolía. Fue un fenómeno muy raro. A mis diez años empecé a expresar una y otra vez que extrañaba el año anterior, todo el tiempo lo estaba diciendo al punto de parecerle llamativo (y entendiblemente gracioso) a mis papás. Mi vieja me puso de apodo un mote que me quedó en la memoria: el de “rufián melancólico”. Claramente entiendo por qué les puede parecer entre cómico y raro. Pero lo que era más difícil para mi a esa edad era encontrar las palabras que recién ahora puedo encontrar a modo de respuesta cuando me preguntaban qué era lo que extrañaba tanto del año anterior Yo no sabía qué responder. Yo no podía identificar ningún hecho o situación que fuera entrañable ni tampoco ningún hecho “traumático” en particular que yo pudiera identificar como el inaugurador de mi repentina melancolía. Lo cuál da la pauta de que es melancolía más que añoranza lo que yo sentía ya que lo que yo sentía era (creo hoy) tristeza por el paso del tiempo.
Si, dramatiquísima. En el barrio me dicen Santicienta. Pero las personas son un misterio, sobre todo en la infancia. Y ¿quién sabe cómo deducen sus circunstancias los niños? A lo que voy con esta pregunta es que hoy pienso en si yo estaba lamentando de alguna manera inconsciente el paulatino fin de mi niñez y el arribo de lo peor que viví en mi vida: la pubertad (es decir, tener trece años y estar encerrado en el sistema educativo). Me pregunto si la melancolía en verdad es una premonición o al menos un cálculo que realizamos en nuestro fuero interno sobre lo que podría sucedernos en el futuro inmediato y le decimos “melancolía” porque lo único que siempre conocemos en nuestro “por ahora” constante es el pasado, no el futuro.
Nos leemos la próxima.
¡Me encanta Santi! Coincido en gran parte, y si uno se descuida, los domingos nos muerden sin querer. Hay una frase de Victor Hugo que dice "La melancolía es la felicidad de estar triste", y quitando lo poético, creo que tiene cierto sentido. ¡Espero la próxima entrada!
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