Nos gobiernan productoras audiovisuales
Clickbait. Esta entrada no tiene nada que ver con el título, solo lo tiré para hacerme el complejo. Ja. Te influencié.
Aunque podríamos considerarlo seriamente dada la entrevista de nuestro presidente con su novia. Milei no gobierna, genera contenido. Con respecto a Yuyito ya quisiera yo tener que competir por el amor de mi amante con cinco perros, uno de ellos muerto. Ke desirles.
Yo estoy bien, Hoy la verdad que fue un buen día, me sentí bien y hasta potente. Me tiene copado estar escribiendo el blog.
Terminado el grueso de las tareas del día consideré meritorio el darle una fumadita a la pipa de la paz y tuve un buen diálogo interno. No voy a contarles todo sobre lo que yo hablo conmigo mismo. Sé demasiado y estoy amenazado.
Ahora me tiré a la cama a tocar un poco la guitarra y aproveché a seguir escribiendo, está hermosa la tarde y me propongo disfrutar los últimos frescos del año tanto como pueda. Este verano se viene jodido.
No sé hasta qué punto darle crédito a mi fatalismo pero pienso en la combinación de: crisis económica, ola de calor (desde hace varios veranos vienen dándose temperaturas récord ¿por qué este verano debería ser diferente?), cortes de luz (desde el estado ya avisaron que va a haber), olor a humo (también se vienen repitiendo los últimos veranos por fuegos silvestres y focos en la reserva ecológica) y mosquitos (todavía no está claro si alguien se encargó de que se hayan producido en cantidades repelentes, el verano pasado hubo falta). Ustedes imagínense: comiendo arroz marca Día. sin luz ni ventilador, cacheteándose a ustedes mismos por la cantidad de mosquitos que los acosan mientras los desespera la sensación de sofocamiento e irritación por el olor a pastizal quemado. Te invito a mi cacerolazo. No faltes.
Y ni hablar si llega a haber la más mínima agitación o inquietud cambiaria/inflacionaria. Mejor no escribo lo que pienso porque va a ser apología.
Tratando de ser zen. De esto a la larga se trata (mi vida)mi blog. Una conversación constante conmigo mismo en la que me digo “San vos no conocés todas las variables, no sabes cómo va a seguir/Vos te tenés que enfocar en lo que te hace bien/Vos te tenés que aislar de lo que te resta y te estresa/vos te tenés que enfocar en lo que te hace bien”. Una porción importante de mi día a día consta de esa charla. Y desde hace un tiempo que es así.
¿Me sale? Qué pregunta. Creo que cuando me sale no me doy cuenta. Sucede que trabajando (yo hago homeoffice) es difícil no querer una distracción, o algo que acompañe o aliviane el hecho que, bueno, no me gusta mi trabajo (o no me gusta lisa y llanamente trabajar. todo el debate sobre el trabajo o más bien el Antitrabajo lo vamos a dejar para otro momento porque pareciera que criticar al trabajo ofende la religión de muchos). Pero bueno, es ese momento en el que necesito compañía. ¿Y qué mejor compañía que la de nuestros enemigos amables (Gabo Ferro empleó el término “enemigos buenos”)? Nuestros buenos amigos los periodistas, noteros, editorialistas, panelistas, productores en las sombras, opinólogos, “operadores”, streamers, (¡¿blogeros?). Todos esos burócratas de la explicación. La Gran Industria del Aburrimiento. Ensobrados les dicen los que casi acaban de nacer. La compañía perfecta para esas ocho horas en las que hacés que hacés mientras hacen que te supervisan……..
Paro acá. Me comentan por cucaracha que un viejo carajeador agarró mi computadora mientras yo les escribía y se está re contra re desplomando el minuto a minuto.
El tema es que hace dos años que en mayor o menor medida los extirpé de mis tardes, de mis noches, de mi cognición, de mi ruido de fondo. A T5N (es como le digo al monstruo de dos cabezas C5N/TN) lo cambié por Bowie, Charly, Pat Metheny, Johan, algún que otro reggetón para perrear. A veces trabajo en silencio, un poco aburrido.
A veces vuelvo a sentir la necesidad de que me entre-tengan. Cuando sucede me recuerdo a mi mismo “Tratá de ser Zen”.
Nos leemos la próxima.
Ah, y hoy EE.UU. elige presidente. Tranqui.
Te entiendo porque también hago homeoffice y tuve un proceso similar. El homeoffice no sólo pone en crisis el modelo laboral en sí, sino cómo nuestra identidad era atravesada por el trabajo que uno ejercía y nuestra capacidad de enfocarnos en una sola cosa. Hace años dejé de escuchar el noticiero, ni siquiera pago cable. Hay veces que la música sirve de compañía, otras un podcast (mo volví fan), y otras pocas, el silencio. El homeoffice nos pone en crisis a nosotros mismos, pero no lo cambiaría por nada del mundo.
ResponderBorrar